Molécula Ibogaina

Ibogaína

12-Methoxyibogamina

Advertencia: La ibogaína es una sustancia ilegal en algunos países, aunque legal en otros, y no alentamos ni recomendamos su uso. Sin embargo sabemos que el uso de drogas legales e ilegales en nuestra sociedad es una realidad y creemos que ofrecer una información veraz y basada en la reducción de riesgos es sinónimo de una verdadera “salud pública”. Esta información es para aquellos que deciden usar la sustancia.

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¿Qué es la Ibogaína?

La Ibogaína es una triptamina, alcaloide indólico psicoactivo, que se encuentra en las plantas de la familia Apocynaceae, como Tabernanthe iboga, Voacanga africana y Tabernaemontana undulata. En la planta de iboga (Tabernanthe iboga), la mayor concentración de ibogaína se encuentra en la corteza de la raíz. Se encuentran concentraciones más bajas en el resto de la planta junto con otros alcaloides indol de la misma familia.

Estas plantas se usan con fines medicinales y rituales en las tradiciones espirituales africanas de la tribu Bwiti en la cuenca del Congo  en África. Fue promovido por primera vez en Occidente en 1962 por parte de Howard Lotsof (un ex-adicto a la heroína), por tener propiedades anti adictivas. En Francia se comercializó como Lambarène y se usó como estimulante. Además, la Agencia Central de Inteligencia de los EE.UU (CIA) estudió sus efectos en la década de los 50.

Hoy en día es ilegal en los Estados Unidos ya que está incluida en la Lista I de estupefacientes. Sin embargo, está disponible en diversos grados en otros países, incluidos Canadá y México, así como varios países europeos. Se utiliza principalmente en el tratamiento de la adicción a los opiáceos y otras drogas altamente adictivas, aunque también se está volviendo más común como herramienta para el desarrollo personal y espiritual. El uso recreativo es casi inexistente.

Breve historia de la Iboga

Los primeros informes sobre el uso de ibogaína en occidente provinieron de exploradores franceses y belgas que observaron ceremonias espirituales africanas en la segunda mitad del siglo XIX. El compuesto químico fue aislado por primera vez en 1901 por dos grupos de investigación independientes, pero una síntesis completa no se llevó a cabo hasta 1966.

Desde la década de 1930 hasta 1960, se vendía como estimulante en Francia bajo la marca Lambarène, que era un extracto de la planta de Tabernanthe manii. Sin embargo, en 1966, se retiró del mercado cuando la venta de todos los productos que contenían esta sustancia se declaró ilegal en Francia.

Casi al mismo tiempo, la Asamblea Mundial de la Salud clasificó a la ibogaína como una «sustancia susceptible de causar dependencia o poner en peligro la salud humana«, y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) la designó al Apéndice I.

Sus efectos anti-adictivos fueron descubiertos accidentalmente en la década de 1960 por un adicto a la heroína de 19 años llamado Howard Lotsof. Él y cinco de sus amigos adictos notaron una reducción de sus ansias de heroína y síntomas de abstinencia después de tomarla con fines recreativos.

Cual emprendedor, Lotsof firmó un contrato con una compañía farmacéutica belga para producirlo en pastillas para ensayos clínicos en los Países Bajos. En 1985, se le otorgó una patente de Estados Unidos para el producto.

En 1981 un fabricante europeo no identificado produjo 44 kg de extracto de iboga. Todo el stock fue comprado por un solo comprador, Carl Waltenburg, que lo distribuyó como «extracto de Indra» para tratar adictos a la heroína en Christiania (en Dinamarca), un pequeño pueblo con un alto número de adictos. Varios movimientos locales se afianzaron a principios o mediados de la década de 1990 principalmente para tratar su adicción. En total, se establecieron más de 3.000 clínicas privadas y retiros. y floreció toda una «subcultura médica». Numerosas historias de individuos luchando y superando la adicción fueron apareciendo.

A principios de la década de 1990, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) financió y realizó ensayos en animales con ibogaína en EE.UU, aunque las dosis utilizadas fueron considerablemente más altas que las dosis humanas efectivas.

A pesar de las preocupaciones de seguridad destacadas por los ensayos con animales del NIDA, los ensayos clínicos de Fase I se llevaron a cabo usando la ibogaína para tratar adictos a opiáceos. Entre 1962 y 1993, de una cohorte de 33 adictos a la heroína tratados con dosis de 6 a 29 mg/kg de ibogaína, 25 mostraron una resolución de los síntomas de abstinencia de opioides 24 a 72 horas después del tratamiento, pero una mujer de 24 años que recibió la mayor dosis murió. Esta muerte, en 1993 en Holanda, levantó sospechas sobre la seguridad del tratamiento con esta sustancia.

Estudios posteriores han encontrado que dosis más bajas (10-12 mg/kg) redujeron significativamente los puntajes de abstinencia en adictos a heroína, cocaína y opiáceos, y parecían mantenerse después de al menos un mes.

Hoy en día, aunque la ibogaína es ilegal en los Estados Unidos (principalmente debido a la dificultad regulatoria para reclasificar un medicamento que ya esté dentro de la Lista I) está disponible como tratamiento anti habituación prescrito en muchos países, incluidos Canadá, Sudáfrica, los Países Bajos, México, Noruega y Reino Unido, entre otros.

Así, se ha utilizado principalmente como un tratamiento para la adicción en entornos clínicos no tradicionales fuera de los Estados Unidos. Las estadísticas sobre su eficacia, por lo tanto, son algo difíciles de conseguir.

Dos estudios realizados por MAPS en México y Nueva Zelanda encontraron una reducción significativa a largo plazo de los síntomas de abstinencia en el 20% y el 50% de los participantes, respectivamente.

Otro estudio reciente en Brasil encontró una reducción de los síntomas a largo plazo en más del 60% de los participantes que usaban una combinación de ibogaína y psicoterapia. Este estudio destaca el poder de la ibogaína como una herramienta complementaria para superar la adicción.

Un estudio observacional reciente de la Facultad de Medicina Johns Hopkins sugiere que el tratamiento con ella puede mejorar significativamente la abstinencia de opioides en pacientes con adicción crónica. De los 88 sujetos entrevistados, el 80% informó que redujo drásticamente o disminuyó por completo sus síntomas de abstinencia, y un 30% se abstuvo del uso de opiáceos durante los años posteriores al tratamiento.

En combinación con el apoyo social y un plan de tratamiento estructurado que se centra en los objetivos a largo plazo, la ibogaína muestra una gran promesa en el tratamiento de la adicción.

¿Escasez de ibogaína?

Varios factores han llegado a la confluencia y parecen estar presionando a la población de plantas de iboga en su hábitat nativo, en Gabón. La destrucción del hábitat por la deforestación para reclamar tierras de cultivo es un problema. Los elefantes son cruciales en la diseminación de la semilla de iboga a través de su estiércol, y su reducido número en los últimos años debido a la pérdida de hábitat ha llevado a una disminución en la dispersión natural de este árbol.

Otro problema es que la epidemia mundial de adicción a los opioides aumenta la demanda de los poderes curativos de la ibogaína y, por lo tanto, de la planta de iboga. Hasta 160 millones de personas en todo el mundo luchan de alguna forma contra la adicción a los opiáceos y, según algunas estimaciones, hay entre 75 y 100 centros de tratamiento con ibogaína en todo el mundo, y este número sigue creciendo.

La creación de un mercado rentable ha llevado a un aumento en el número de cosechadores y distribuidores de la planta y que, a su vez, ha llevado a la escasez en algunas áreas lo que conlleva aumentos de precios posteriores.

La Alianza Mundial de Terapia Ibogaina está presionando para que se tomen medidas de conservación y se creen invernaderos en otros países que puedan respaldar el esfuerzo. Sin embargo, es posible que la planta de iboga desaparezca del dominio público en cuestión de unos pocos años.

Farmacología de la Ibogaína

La ibogaína es una triptamina que interactúa simultáneamente con varios sistemas de neurotransmisores. Su mayor afinidad es por el receptor sigma-2, mientras que tiene una afinidad moderada por los receptores opioides y una afinidad de baja a moderada por los receptores de la serotonina. El cuerpo lo metaboliza en noribogaína, que parece actuar para aumentar la disponibilidad de serotonina en el cerebro.

Al ser tan difícil de sintetizar desde cero en un laboratorio, se hace necesaria la presencia de una fuente que la produzca (en este caso todas son botánicas). Lo que suele hacerse en laboratorio es extraer y limpiar la ibogaína de esas fuentes naturales.

Se metaboliza en parte por la enzima llamada citocromo P4502D6. Esta enzima está involucrada en el metabolismo de toda una serie de otros medicamentos y productos químicos en el cuerpo, por lo que es importante saber cuál de estas sustancias interactúa con ella antes de su uso.

El riesgo de experimentar complicaciones cardíacas u otros efectos secundarios peligrosos aumenta cuando se toma junto a los siguientes medicamentos y sustancias (no es una lista completa):

  • Medicamentos antiarrítmicos
  • Metoprolol
  • Propafenona
  • Maleato de timolol
  • Medicamentos antidepresivos
  • Amitriptilina
  • Citalopram
  • Clomipramina
  • Desipramina
  • Duloxetina
  • Escitalopram
  • Imipramina
  • Paroxetina
  • Venlafaxina
  • Medicamentos antipsicóticos
  • Aripiprazol
  • Haloperidol
  • Pimozida
  • Risperidona
  • Tioridazina
  • Otros medicamentos
  • Amiodarona
  • Azitromicina
  • Bepridil
  • Cloroquina
  • Clorpromazina
  • Claritromicina
  • Disopiramida
  • Dofetilida
  • Droperidol
  • Eritromicina
  • Acetato de flecainida
  • Halofantrina
  • Moxifloxacina
  • Pentamidina
  • Procainamida
  • Quinidina
  • Sevoflurano
  • Codeína
  • Dextrometorfano
  • Metadona
  • Mexiletina
  • Ondansetrón
  • Tamoxifeno
  • Tramadol

Además, alimentos que contienen bergamoteno o aceite de bergamota, como el zumo de pomelo, así como una variedad de otros suplementos y medicamentos de venta libre como Omeprazol y otros medicamentos para el desorden gástrico, medicamentos antifúngicos, medicamentos para el tratamiento del VIH, y algunos antihistamínicos, todos pueden contribuir significativamente a las complicaciones cardíacas mientras circulan en el cuerpo al momento del tratamiento con ibogaína.

Se han recibido informes de complicaciones relacionadas con la toxicidad de su uso principalmente debido a afecciones médicas previas (normalmente cardíacas) y las interacciones con otros medicamentos, la mayoría de los cuales se han enumerado más arriba. Es muy importante evitar el uso de ibogaína si tienes una afección cardíaca preexistente, ya que puede provocar reacciones peligrosas o incluso la muerte.

Una revisión que cubre los registros médicos que abarca el período de 1990 a 2008 encontró que 19 personas murieron en alrededor de una hora a tres días después de usar ibogaína. Sin embargo, ninguna de estas muertes fue atribuible a los efectos tóxicos del medicamento en sí, sino a interacciones con afecciones médicas anteriores o debido a interacciones con otros medicamentos.

Hay informes de personas que sufren una reacción fatal incluso después de una revisión médica. Se estima que hasta 1 de cada 400 personas que toman ibogaína sufren una reacción fatal: este es un riesgo más alto que la mayoría de los deportes extremos.

Para el tratamiento de la drogadicción, solo debe tomar ibogaína bajo la supervisión directa de un profesional médico capacitado. La Alianza Mundial de Terapia Ibogaína ha establecido recientemente criterios por los cuales un médico debería evaluarte para ver si puedes realizar un tratamiento físico.

Efectos de la Ibogaína

Uno de los efectos adversos más inmediatos que se puede sentir es la ataxia o la incapacidad para coordinar de manera fluida los movimientos musculares. Las náuseas, boca seca, mareos y vómitos también son comunes. Lo mejor es tumbarse mientras se viaja, ya que los movimientos bruscos pueden provocar o aumentar los mareos y las náuseas.

Las irregularidades del ritmo cardíaco y la respiración también pueden aparecer. Recuerda, no debe tomarse si tienes algún tipo de afección cardíaca.

Puedes esperar estar en la cama durante las primeras 12 horas de tu viaje (fases 1 y 2, a continuación). Las primeras horas serán intensas antes de que comience a bajar cuando tu cuerpo la metabolice.

Un viaje se puede dividir en tres fases:

  • 1- Fase aguda, estado de "sueño despierto"
  • 2- Fase evaluativa o reflexiva
  • 3- Fase de estimulación residual

Fase 1: fase aguda. Comienza de 1 a 3 horas después de tomar ibogaína y puede durar de 4 a 8 horas. La mayoría reporta una experiencia «panorámica», mayormente visual, de recuerdos pasados. A menudo se describe como un estado de «sueño despierto» con distintas experiencias que pueden incluir el contacto con seres trascendentes en nuestra vida, el paso a lo largo de un largo camino, o la flotación.

Las personas a menudo informan que se introducen en paisajes visuales, en lugar de experimentar alucinaciones visuales o auditivas intrusivas. Aunque no todos los sujetos experimentan fenómenos visuales, que pueden estar relacionados con la dosis, la biodisponibilidad y la variación entre individuos.

Fase 2: fase de evaluación. Comienza aproximadamente de 4 a 8 horas después de tomarla y puede durar de 8 a 20 horas. La gente a menudo informa que tiene menos recuerdos pasados en esta fase junto a un tono emocional más neutral y reflexivo. La atención se dirige a evaluar las experiencias de la fase aguda. Muchos prefieren pocos estímulos ambientales durante esta fase y la fase aguda, ya que es fácil agitarse o molestarse por las distracciones.

Fase 3: Fase de estimulación residual. Comienza aproximadamente de 12 a 24 horas después de su consumo y puede durar de 24 a 72 horas o más. La atención regresa al entorno externo durante esta fase, mientras que la experiencia psicoactiva subjetiva comienza a desvanecerse. El movimiento normal regresa y las personas a menudo también informan de un aumento de la excitación y la vigilancia durante este período. Algunos hablan de una necesidad reducida de dormir durante varios días o semanas después del tratamiento.

Después de completar un viaje, la ventana de introspección aumentada dura varios días o semanas y le permite a la persona integrar estas nuevas perspectivas sobre los problemas que enfrentan en sus vidas cotidianas. Ser consciente de las experiencias y reacciones emocionales de las que antes no era consciente te permite hacer evaluaciones más deliberadas de tu vida emocional y de las reacciones a tu entorno.

Uso terapéutico de la Ibogaína

Desde un punto de vista terapéutico, la ibogaína se ha usado casi exclusivamente para tratar la adicción, principalmente las adicciones a opiáceos como la heroína, aunque también se ha utilizado para tratar el consumo de cocaína, anfetaminas y alcohol. No se considera una «cura» para la adicción, sino que a menudo se denomina como «interruptor» de la adicción, ya que elimina o reduce en gran medida los síntomas de abstinencia.

Algunas personas experimentan una erradicación prácticamente permanente de los síntomas de abstinencia después de una sola sesión de tratamiento, donde los antojos y otros síntomas pueden regresar después de algunas semanas o meses, aunque a intensidades muy reducidas.

Sin embargo, dado que la DEA lo clasificó como una droga de la Lista I, y dado que el NIDA retiró fondos para su investigación como posible tratamiento de la adicción en 1995, no ha habido ensayos controlados sistemáticos sobre sus efectos y eficacia en Estados Unidos o Europa.

Sin embargo, innumerables informes anecdóticos contradicen la «sabiduría convencional» de la prohibición. Oficialmente, la ibogaína es una droga de la Lista I porque sus efectos alucinógenos le dan un alto potencial de abuso. Pero los informes de adictos a la heroína, que han tomado dosis únicas para ayudar a escapar de sus adicciones, dicen que no experimentan efectos secundarios adictivos y, por el contrario, rara vez lo describen como una experiencia placentera que vale la pena repetir en un entorno recreativo.

Una mujer dijo de su experiencia: «No se lo recomendaría a alguien que está tratando de divertirse. Si quieres que tu cuerpo explote en mil pedazos y se reconstruya en algo hermoso, entonces sí, pero no esperes que sea agradable».

Dicho esto, la ibogaína tiene un gran potencial como un tratamiento contra la adicción a las drogas, basado en estos informes anecdóticos.

Recientemente una minoría vocal de psiquiatras e investigadores ha comenzado a presionar para que se permitan ensayos clínicos más controlados a fin de explorar su uso en el tratamiento para una variedad de sufrimientos. Se están desarrollando o planeando más ensayos clínicos en el futuro cercano, por lo que el tiempo dirá qué tipo de reacción tendrá el público en un mar cambiante de política de drogas.

La ibogaína podría ser particularmente útil a la luz de la amplia adicción en los Estados Unidos a los medicamentos recetados derivados de los opiáceos. El gobierno federal continúa luchando en el bando perdedor de la guerra contra las drogas a medida que más y más personas se vuelven adictas a los medicamentos legales con receta. En los últimos años se ha producido un aumento en el consumo de heroína, ya que las personas adictas a los analgésicos recetados buscan en el mercado negro lo que de repente le empezó a negar su médico, ya que se empezó a controlar qué hacían en las consultas a manos de las farmacéuticas (y lo hicieron tarde y mal). Actualmente, la epidemia de heroína está dando paso a una ola de adicción al fentanilo, una droga sintética 50 veces más potente que la heroína, comercializada y vendida como analgésico recetado o simplemente como adulterante de la heroína, ya que es más barato de producir que esta.

La ibogaína muestra virtualmente cero posibilidades de abuso y, a la vez, ha sido tremendamente prometedora para ayudar al cese del consumo de opiáceos.

Preguntas frecuentes

Los investigadores han encontrado similitudes entre los viajes de psiquedélicos y los episodios psicóticos como los que se encuentran en la esquizofrenia, pero en casi todos los casos esto es temporal (de ahí el término “viaje”). Incluso las personas que ingresan a la sala de emergencias después de tomar psiquedélicos regresan a su estado físico y mental normal en cuestión de horas. De hecho, un reciente gran estudio de toda la población encontró una menor probabilidad de angustia psicológica y suicidio entre los usuarios de psiquedélicos clásicos (LSD, setas mágicas, etc.).

Los efectos adversos crónicos ocurren en muy pocas personas. Sin embargo, las revisiones de la literatura clínica sugieren que los efectos adversos crónicos aparecen debido a la inestabilidad psicológica que está presente antes del uso de drogas. Por ejemplo, las personas con trastornos mentales latentes (como los antecedentes familiares de esquizofrenia) pueden experimentar la activación de los síntomas por el uso y los problemas crónicos posteriores.

Cualquier persona interesada en probar psiquedélicos por primera vez inevitablemente se preocupará de tener un “mal viaje”: las alucinaciones disfóricas, la paranoia incontrolable y los comportamientos imprudentes suelen ser algunas de las preocupaciones más comunes. Los malos viajes son posibles, pero los riesgos se pueden minimizar si tenemos en cuenta las 6 bases para la experiencia psiquedélica. Estar preparado, en un lugar cómodo y tranquilo, y conocer tus motivaciones antes de emprender un viaje puede ayudar a controlar los riesgos.

Todos se ponen ansiosos o tienen malas sensaciones durante sus inmersiones en los mares de la mente. Es normal, pero la magnitud se puede disminuir prestando atención a las bases antes mencionadas: preferiblemente un lugar tranquilo y con buen estado anímico o en su defecto plena seguridad a la hora de consumir. Un amigo o guía puede distraer la atención de un viajero en esos casos de ansiedad. Un cambio de habitación, lugar, música o luces a menudo ayuda. Las posibles molestias corporales pueden eliminarse aprendiendo técnicas de relajación y ejercicios de respiración. Mantener tu cuerpo en buenas condiciones no solo es bueno para tu viaje, ¡sino también para tu vida!.

No hay evidencia concluyente que sugiera que los problemas latentes de salud mental puedan ser exacerbados por el uso de psiquedélicos, aunque esta es la principal opinión tomada por muchos científicos. Como tal, si tienes un historial de trastorno o enfermedad mental (especialmente esquizofrenia), se recomienda evitar las drogas psiquedélicas.

Existe un riesgo significativo por tomar ibogaína si tiene una enfermedad cardíaca. Se sabe que causa muertes al cambiar temporalmente la forma en que funciona el corazón. No lo tomes si tienes una enfermedad cardíaca. Se estima que hasta 1 de cada 400 personas que toman ibogaína sufren una reacción fatal, un riesgo más alto que la mayoría de los deportes extremos.

En la sección de farmacología, más arriba en esta página, encontrarás medicamentos y otras drogas con las que la ibogaína puede tener mala combinación o incluso ser una combinación fatal y letal. Te recomendamos que si actualmente tomas alguna medicación no uses ibogaína, o plantéate no tomar la medicación con ayuda de un médico si vas a tomarla.

Todos los informes anecdóticos acaban demostrando directa o indirectamente que la ibogaína tiene una capacidad adictiva nula. Es más, desde hace un tiempo se está usando para tratar diferentes tipos de adicciones.

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