Molécula LSD

LSD

Dietilamida de ácido lisérgico
(6aR,9R)-N, N-dietil-7-metil-4,6,6a,7,8,9-hexahidroindolo[4,3-fg]quinolina-9-carboxamida

Advertencia: El LSD es una sustancia ilegal y no alentamos ni recomendamos su uso. Sin embargo sabemos que el uso de drogas legales e ilegales en nuestra sociedad es una realidad y creemos que ofrecer una información veraz y basada en la reducción de riesgos es sinónimo de una verdadera «salud pública». Esta información es para aquellos que deciden usar la sustancia.

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¿Qué es el LSD?

La dietilamida de ácido lisérgico, LSD-25, también conocida como LSD (y entre otros nombres, ácido, tripi, cartón o ajo) es una droga psiquedélica semisintética que se obtiene a partir de la ergotamina, un compuesto del hongo Cornezuelo del centeno, y es de la familia de las triptaminas.

En 1938, el químico suizo Albert Hofmann lo sintetizó por primera vez en su laboratorio de Zurich, Suiza. «Inesperadamente» descubrió sus efectos alucinógenos en 1943 cuando una pequeña cantidad entró en contacto con su piel. Poco después decidió probar por curiosidad, constatando sus efectos aquel día con el famoso viaje en bicicleta.

Es una droga psicodélica altamente potente, puede que la más potente del mundo, ya que con pequeñas dosis de 75-150 microgramos (μg) se producen estados de conciencia significativamente alterados. La dosis perceptiva mínima en humanos es de aproximadamente 25 μg.

Algo más que un viaje en bicicleta: breve historia del LSD

Fue el químico Albert Hofmann quien descubrió el LSD en 1938 al tratar de desarrollar un medicamento para ayudar a las contracciones uterinas durante el parto. Comenzó a sintetizar compuestos de un hongo del centeno llamado Cornezuelo, y finalmente creó el ácido. Era la vigésima quinta sustancia en una serie de derivados de ácido lisérgico, y por lo tanto, su nombre oficial era dietilamida de ácido lisérgico, abreviado LSD-25.

Esta sustancia no resultó de mucha ayuda en ese momento, por lo que se dejó de lado. Sin embargo, en 1943 Hofmann volvió a sintetizar el medicamento para que se le pudiera dar una muestra al departamento de farmacología y así estudiarlo mejor. En algún momento durante la síntesis, una pequeña gota aterrizó en su piel y algo después fue interrumpido por una extraña sensación.

Guiado por la curiosidad, el 19 de abril de 1943 el doctor Hofmann tomó a propósito 250 µg de esta molécula, pues, por su experiencia con otros compuestos similares, pensó que podría ser la dosis mínima. Tras ingerir la sustancia, Hofmann sintió que le costaba hablar de forma inteligible y pidió a su asistente de laboratorio, que estaba al tanto del experimento, que le acompañase en su viaje a casa en bicicleta (pues por las restricciones del período de guerra no había automóviles disponibles). Durante su vuelta a casa, el estado de Hofmann fue a más, y en su diario escribió que todo lo que había en su campo de visión ondulaba, distorsionado como una imagen en un espejo cóncavo. Aunque avanzaba velozmente, tuvo la sensación de que permanecía inmóvil. Cuando llegó a casa, llamó a un doctor y pidió a su vecina algo de leche, creyendo que le ayudaría a recuperarse. En sus escritos hace notar que a pesar de su estado delirante fue capaz de escoger con lucidez la leche, por su calidad de antídoto no específico contra el envenenamiento.

Cuando llegó el médico, no encontró ningún síntoma físico anormal salvo las pupilas extremadamente dilatadas. Tras pasar varias horas aterrorizado, convencido de que un demonio había poseído su cuerpo, de que su vecina era una bruja y de que el mobiliario de su casa le amenazaba, Hofmann pensó que había enloquecido por completo. En su diario, indica que el doctor decidió no medicarlo y prefirió enviarlo a la cama. Una vez acostado, sintió que el pánico comenzaba a dar paso a una sensación de bienestar y gratitud. Los colores y juegos de formas que veía con los ojos cerrados le resultaban ahora placenteros. Se trataban de imágenes fantásticas y formas extraordinarias que surgían ante él, alternándose unas tras otras, abriéndose y cerrándose en círculos y espirales para después explotar en fuentes de color, y así comenzar de nuevo en un flujo constante. Según escribió, durante su «viaje», las impresiones acústicas (como el ruido de un automóvil que pasaba) se transformaban en imágenes. Finalmente, se quedó dormido y despertó al día siguiente «fresco y con la mente clara, aunque con cierto cansancio corporal». Desayunó con una sensación de bienestar y vida renovada, y encontró la comida deliciosa. Mientras caminaba por el jardín, notó que todos sus sentidos «vibraban con una sensibilidad superior, que duró durante todo el día».

Hofmann había experimentado el primer viaje con LSD de la historia.

Después de descubrir los efectos tan potentes de esta sustancia, él y otros investigadores en Sandoz (el laboratorio suizo donde Hoffman trabajó) llevaron a cabo ensayos en animales para determinar la tolerancia y las propiedades de toxicidad. Poco después llevaron a cabo la primera investigación sistemática de LSD en seres humanos en una clínica psiquiátrica en Zurich, en 1947.

Los primeros estudios incluyeron sujetos sanos y pacientes esquizofrénicos. En los experimentos, los sujetos consumieron cantidades de pequeñas a moderadas: de 20 a 130 microgramos (μg). Aunque estos primeros experimentos no midieron la capacidad terapéutica, los investigadores sí especularon acerca de la posibilidad de la psicoterapia asistida por el fármaco.

Numerosos psicoanalistas y psicoterapeutas en general lo utilizaron como psicolítico, para derribar las barreras psíquicas del paciente, logrando que este afrontara en una sola sesión contenidos reprimidos que, de otra forma, hubieran exigido años de terapia.

A fines de la década de 1950, la investigación se expandió fuera de las enfermedades mentales para ayudar a las actividades psicoterapéuticas. La terapia psicodélica, es decir, el uso de drogas «alucinógenas» para facilitar la terapia, se volvió cada vez más normal.

Entre 1950 y 1965, la investigación sobre el LSD y otros psiquedélicos generó más de 1000 artículos científicos, varias docenas de libros y seis conferencias internacionales. En total, se recetó como tratamiento a más de 40.000 pacientes. Se investigaron varias aplicaciones medicinales, entre los que destacan el psicoanálisis, la rehabilitación de alcohólicos y el uso como analgésico para enfermos terminales de cáncer.

En la década de 1960, el Dr. Sidney Cohen, que llevó a cabo experimentos medidos y bien controlados para probar las capacidades psicoanalíticas de este medicamento, advirtió sobre el uso generalizado por parte del público en general. En audiencias del Congreso sobre LSD en 1966, Cohen le dijo al Congreso que la sustancia era segura solo si se administraba bajo estricta supervisión médica y que, si estaba en las manos equivocadas, era una «droga peligrosa».

Su declaración caracterizó el punto de inflexión en la percepción del público sobre el LSD que ocurrió entre las décadas de 1950 y 1960. Mientras los años 50 se enfocaban en el uso médico, el movimiento de contracultura de los años 60 llevó al abuso de una droga potencialmente poderosa.

A medida que creció en popularidad en la contracultura, los «viajes de terror» eran comunes en los medios y en el boca a boca de la gente. Aunque el público se aferró a historias dramáticas sobre asesinatos, gente que se queda ciega mirando al sol, y defectos de nacimiento como resultado de tomar LSD, ninguna de estas historias contiene algo de verdad. La realidad es que, sin tomar las precauciones adecuadas (Set&Setting), la gente terminó haciendo cosas imprudentes y los medios de comunicación lo exageraron, inevitablemente. Como normalmente suele ocurrir. Aún hoy nos inundan con falsas y amarillistas noticias sobre esta y otras sustancias.

La atención inicial ganada por el LSD nunca iba a ser buena. En 1968, el gobierno de Estados Unidos declaró ilegal su posesión. Y tan rápido como floreció el movimiento de contracultura, murió. En 1970, se declaró una sustancia de la Lista I, lo que significa que el gobierno consideró que tenía «un alto potencial de abuso» y que no tenía «ningún beneficio médico».

Aunque hubo una gran cantidad de resultados positivos cuando se usó en circunstancias controladas, la diseminación del ácido lisérgico en una cultura en auge y dominante en EE.UU causó su prohibición.

Su uso disminuyó a finales de los años 60 y 70. Y en la década de los 80, cuando el MDMA se hizo cada vez más popular, el uso recreativo y psicoterapéutico del ácido también aumentó. En 1986 fue fundada la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos (MAPS) por Rick Doblin, con el propósito de investigar el potencial terapéutico de las drogas psiquedélicas.

La estructura química del ácido lisérgico

Es un compuesto cristalino, semisintético, y es sensible al oxígeno, la luz ultravioleta y el cloro (especialmente diluido) aunque puede conservar su potencia durante años si se almacena lejos de la luz y la humedad, a temperaturas bajas. En su forma pura, es incolora, inodora e insípida. Suele administrarse por vía oral, generalmente en algún tipo de substrato impregnado, como un papel secante, un terrón de azúcar o gominolas. En forma líquida, puede administrarse mediante una inyección intramuscular o intravenosa.

Cuando se ingiere en el cuerpo humano, el LSD actúa como un activador del receptor 5-HT (serotonina), mientras que también aumenta dramáticamente los niveles de serotonina en el cerebro mediante la desactivación de sistemas que regulan los niveles de esta.

De los 15 receptores de serotonina diferentes en el cerebro, el LSD en su mayoría prefiere el subtipo 2A (5-HT2A). El receptor 5-HT2A está involucrado en la mayoría de procesos cognitivos en la corteza prefrontal. Este es un punto importante, ya que de allí provienen muchos de sus efectos y beneficios: su implicación en la corteza prefrontal.

Se cree que la corteza prefrontal es responsable y activa en la planificación de la conducta cognitiva compleja, la expresión de la personalidad, la toma de decisiones y el comportamiento social. También desempeña un papel clave en la capacidad del ser humano en procesar información de todos los otros sistemas cerebrales y, como resultado, toma decisiones dirigidas a objetivos.

Recientemente, investigadores de The Beckley Foundation comenzaron a investigar los efectos específicos del LSD en el cerebro. La investigación está dirigida por un grupo de neurocientíficos del Imperial College de Londres.

El último estudio de Beckley consistió en darles a 20 voluntarios una pequeña dosis y luego usar imágenes de IRM y MEG para mostrar cómo afecta a los procesos cerebrales.

Los investigadores creen que el LSD puede reducir el flujo sanguíneo a los centros de control del cerebro y así amortiguar su actividad, lo que en última instancia mejora la conectividad cerebral. Se cree que este aumento en la conectividad cerebral, o «entropía», da lugar a los patrones de pensamiento creativos y únicos asociados con la experiencia psiquedélica, e incluso podría ser responsable de los sentimientos de la «muerte del ego» (perder el sentido del «yo»).

El LSD no causa dependencia física. El uso frecuente del fármaco o de otros relacionados con él (como la mescalina y la psilocibina) genera una rápida tolerancia, de modo que el consumo continuado deja de generar efecto. La tolerancia se debe probablemente a la regulación de los receptores de serotonina 5-HT2A en el cerebro, y disminuye tras unos días de abstinencia.

Numerosos estudios no han encontrado evidencia de daño cromosómico o daños en el desarrollo en humanos. Sin embargo, en ratones, el LSD administrado durante el embarazo causó algún daño en el desarrollo a dosis extraordinariamente altas (hasta 500 μg / kg).

No se han documentado muertes por sobredosis en humanos. Incluso si las dosis «super heroicas» pueden ser peligrosas, el riesgo de muerte o de daños graves sigue siendo mínimo para las personas sanas. Hay un informe de ocho personas que tenían entre 1000 y 7000 μg por cada 100 ml de plasma sanguíneo (que es una concentración extremadamente alta) al esnifarlo después de confundirlo con cocaína. Sufrieron estados comatosos, hipertermia, vómitos, sangrado gástrico ligero y problemas respiratorios, pero finalmente todos se recuperaron con tratamiento hospitalario y sin ningún efecto residual.

Efectos del LSD

El LSD es altamente potente, ya que pequeñas dosis de 75-150 microgramos (μg) producen estados de conciencia significativamente alterados. La dosis perceptiva mínima en humanos es de aproximadamente 25 μg. Cualquier cosa por debajo de eso se considera una «microdosis» (una dosis por debajo del nivel de percepción). Una dosis óptima para experimentar el rango típico de experiencias psiquedélicas suele ser entre 100-200 μg.

Los efectos fisiológicos pueden ser muy variables. Sin embargo, la dilatación de las pupilas, el apetito reducido y la vigilia son los tres principales efectos físicos. Estos son otros efectos que pueden aparecer, aunque la mayoría de ellos son efectos secundarios producidos por los abrumadores efectos psicológicos:

  • Entumecimiento
  • Debilidad muscular
  • Náuseas
  • Hipotermia o hipertermia
  • Nivel elevado de azúcar en la sangre
  • Piel de gallina
  • Aumento de la frecuencia cardíaca
  • Mandíbula tensa
  • Sudoración
  • Producción de saliva y mucosidad
  • Hiperreflexia
  • Temblores

Las dosis bajas pueden conducir a ciclos de sueño REM prolongados y generalmente acortan los ciclos posteriores, con un aumento neto general de sueño REM. En las mediciones de EEG no se han encontrado cambios cualitativos durante el sueño después de tomarlo.

Uno de los principales efectos del LSD es un aumento en la percepción sensorial. Los usuarios informan de una apreciación mejorada de la música, afirmando que «escucharon» música «por primera vez». Otros informan de un sentido del olfato más agudo y un sentido del gusto más desarrollado.

El tacto se convierte en una necesidad. Los usuarios experimentan un fuerte deseo de tocar elementos suaves al igual que a otros seres humanos.

Una propiedad única del LSD y otros psicodélicos es la sinestesia. La sinestesia ocurre cuando los sentidos comienzan a fusionarse. Por ejemplo, se puede comenzar a «ver» música o «saborear» colores.

También tiende a generar en la persona un mayor interés por las relaciones interpersonales. Esto deriva muchas veces en una facilidad para sentirse conectado, pero también podría sentirse herido o ignorado por los demás. En un ambiente clínico ha demostrado que en ocasiones aumenta la confianza del paciente con su terapeuta.

Tiende a producir sentimientos de unidad con el entorno, sensación de comprender la vida y la existencia, experiencias religiosas y una tendencia a pensar en términos existenciales. Estos efectos se han registrado frecuentemente en la literatura científica y se interpretan como el resultado de la combinación de los efectos cognitivos y emocionales producidos por su consumo, tales como los que hemos descrito antes.

La cualidad anfetamínica del LSD no adulterado se debe a las acciones farmacológicas de la droga en sí misma, y no necesariamente debido a la descomposición o las impurezas. Generalmente causa efectos adrenérgicos como sudoración, nerviosismo, rechinar de mandíbula e insomnio, que se confunden fácilmente con los efectos secundarios de la anfetamina.

Es importante destacar que hay una falta de pruebas que sugieran complicaciones persistentes y generalizadas en personas sanas que lo toman. Es decir, cualquier efecto secundario indeseable experimentado durante o después de tomarlo casi siempre es de corta duración en personas sanas. Varios estudios que suman un total de más de 10.000 participantes han encontrado pocas complicaciones (si es que las hay) en relación a su uso.

Un efecto potencial a largo plazo (aunque muy raro) del uso de psiquedélicos es el «Trastorno perceptivo persistente por alucinógenos» o en inglés «Hallucinogen persisting perception disorder» (HPPD). Se caracteriza por una presencia continua de trastornos sensoriales, la mayoría de las veces visuales, que a veces continúan durante meses o años después del consumo. Se suele tratar con medicamentos antipsicóticos o anticonvulsivos. Este trastorno es muy muy raro, pero es más probable que ocurra si los psiquedélicos se toman fuera de una situación segura y responsable (es decir, sin adherirse a las 6 bases).

En 2015 se realizó un gran estudio (aproximadamente 130.000 personas) en EE.UU que no encontró relación entre el uso de psiquedélicos y los trastornos de salud mental como angustia psicológica, pensamientos suicidas, depresión y ansiedad.

Terapia con LSD: para qué se usa

Una revisión reciente de 25 años de investigación (1990-2015), así como sobre la psilocibina y la ayahuasca, encontró que los resultados sugerían constantemente usos terapéuticos para los psicodélicos en el tratamiento de los trastornos de ansiedad, la depresión y los trastornos adictivos.

En los años 50 y 60 se publicaron más de 1000 artículos académicos y docenas de libros sobre su uso en entornos psicoterapéuticos. Sin embargo, después de la reacción de la contracultura en la década de 1960 y su posterior clasificación como sustancia ilegal por parte del gobierno de EE.UU, la investigación sistemática en universidades y laboratorios sobre el fármaco se volvió imposible.

No obstante, se utilizaron dos formas de enfoques terapéuticos en estos estudios iniciales. Uno se centró en las experiencias místicas que provoca y los efectos secundarios resultantes, mientras que el otro se centró en su uso como herramienta para explorar el inconsciente en el psicoanálisis.

Terapias con LSD para la ansiedad y la depresión

Se utilizaron dosis de pequeñas a moderadas (hasta 150 μg) en sesiones repetidas junto con psicoterapia para tratar varias neurosis. Las personas con tendencias neuróticas crónicas, como la depresión mayor y la ansiedad general (que eran resistentes a la terapia tradicional) parecían beneficiarse en gran medida de los efectos durante el tratamiento.

Los terapeutas que usaron este y otros psiquedélicos en su práctica notaron que una de sus mayores ventajas era que permitía al paciente explorar sus impulsos y motivaciones inconscientes mientras una parte de su ego quedaba intacto. Esto le permitió al individuo observar y recordar de forma vívida sus experiencias e identificar las áreas donde antes se resistía al cambio. Por ejemplo, en entornos terapéuticos, ayuda a que las personas sean muy conscientes de los mecanismos de defensa que utilizan con mayor frecuencia.

En un estudio doble ciego se descubrió específicamente que, en combinación con sesiones de psicoterapia no farmacológica, reduce la ansiedad relacionada con las enfermedades potencialmente mortales, como el cáncer, y los efectos se mantuvieron en un seguimiento de 12 meses. También se observaron mejoras en el cuestionario de calidad de vida del paciente y en la escala de ansiedad y depresión durante la estancia en el hospital.

Terapia con LSD para el alcoholismo y la adicción

Los trastornos adictivos, especialmente el alcoholismo, han sido el objetivo de las terapias psicodélicas desde poco después de su descubrimiento como herramientas terapéuticas. En 2012, el análisis de seis ensayos controlados aleatorios que incluyeron 536 sujetos confirmó la eficacia de una dosis única en el tratamiento del alcoholismo. Los resultados de estos estudios mostraron que tenía una tasa de éxito para tratar el alcoholismo (definido como la abstinencia del consumo de alcohol en el primer seguimiento) del 81% -100%.

Fuera de los usos estrictamente terapéuticos, un estudio de 2016 halló que las personas sanas tenían una visión más positiva de la vida y una mayor apertura hasta dos semanas después de consumirlo.

A medida que los valores culturales continúan cambiando, cada vez más investigaciones con métodos modernos y con la ayuda del uso de nuevas tecnologías seguirán arrojando luz sobre las diversas formas en las que los psiquedélicos pueden usarse de manera terapéutica (o sin pretensiones terapéuticas, sencillamente espirituales o existenciales).

Preguntas frecuentes sobre el LSD

Los investigadores han encontrado similitudes entre los viajes de LSD o psiquedélicos y los episodios psicóticos como los que se encuentran en la esquizofrenia, pero en casi todos los casos esto es temporal (de ahí el término «viaje»). Incluso las personas que ingresan a la sala de emergencias después de tomar LSD regresan a su estado físico y mental normal en cuestión de horas. De hecho, un reciente gran estudio de toda la población encontró una menor probabilidad de angustia psicológica y suicidio entre los usuarios clásicos de psiquedélicos (LSD, setas mágicas, etc.).

Los efectos adversos crónicos por usar LSD ocurren en muy pocas personas. Sin embargo, las revisiones de la literatura clínica sugieren que los efectos adversos crónicos aparecen debido a la inestabilidad psicológica que está presente antes del uso de drogas. Por ejemplo, las personas con trastornos mentales latentes (como los antecedentes familiares de esquizofrenia) pueden experimentar la activación de los síntomas del uso de LSD y los problemas crónicos posteriores.

Tu experiencia puede variar:

Por norma general un viaje de LSD generalmente tarda entre 30 y 90 minutos en aparecer y su duración varía según la cantidad ingerida, entre 8 y 12 horas. Este es un cronograma general y cada persona puede notar efectos por una duración más o menos larga. Aún pueden observarse efectos mucho más sutiles después del período normal de 8-12 horas.

Cualquier persona interesada en probar psiquedélicos por primera vez inevitablemente se preocupará de tener un «mal viaje»: las alucinaciones disfóricas, la paranoia incontrolable y los comportamientos imprudentes suelen ser algunas de las preocupaciones más comunes. Los malos viajes son posibles, pero los riesgos se pueden minimizar si sigues estas bases. Estar preparado, en un lugar cómodo y tranquilo, y conocer tus motivaciones antes de emprender una experiencia puede ayudar a controlar los riesgos.

Todos se ponen ansiosos o tienen malos sentimientos durante sus inmersiones en los mares de la mente. Es normal, pero la magnitud se puede disminuir prestando atención a las bases antes mencionadas: preferiblemente en un lugar tranquilo y con buen estado anímico o en su defecto plena seguridad a la hora de consumir. Un amigo o guía puede distraer la atención de un viajero en esos casos de ansiedad. Un cambio de habitación, lugar, música o luces a menudo ayuda. Las posibles molestias corporales pueden eliminarse aprendiendo técnicas de relajación y ejercicios de respiración. Mantener tu cuerpo en buenas condiciones no solo es bueno para tu viaje, ¡sino también para tu vida!.

No hay evidencia concluyente que sugiera que los problemas latentes de salud mental puedan ser exacerbados por el uso de psiquedélicos, aunque esta es la principal opinión tomada por muchos científicos. Como tal, si tienes un historial de trastorno o enfermedad mental (especialmente esquizofrenia), se recomienda evitar las drogas psiquedélicas.

Es mejor saber qué te hace el LSD y conocer un poco a tu ego antes de tomar una dosis más grande. 75 o 100 μg es perfecto para la mayoría de los que quieren experimentar por primera vez. Algunas personas tienen una reacción mucho mayor que otras.

Es bueno saber una cosa o dos sobre los viajes antes de que realmente lo hagas. Lee antes de viajar. Lo más probable es que seas recompensado. “La Experiencia Psicodélica” de Timothy Leary es una gran y extensa introducción a Psiquedélicos. Este libro debería ser obligatorio para iniciarte. Ofrece algunos consejos geniales para ayudarte a tener una buena mentalidad, un buen entorno y una experiencia profundamente buena. Sin embargo, es solo un libro. Tus resultados pueden variar.

Asegúrate de sentir que estás en la mentalidad adecuada y de tener el ambiente adecuado. Lee para saber qué esperar, qué podría salir mal y qué podría ir bien. Cuanto más te prepares para tu primer viaje, más cómodo estarás con lo que finalmente experimentarás.

Si viajas por primera vez, o en cualquier momento, es bueno contar con un compañero/guía/amigo con experiencia a tu lado, solo para observarte y darte algún tipo de «faro» desde el mundo exterior, fuera de tu propia experiencia. Este tipo de ayuda es mejor que cualquier libro o cualquier web y es esencial para los principiantes.

Además, es mejor si te das cuenta de esto: “viajar” es esencialmente explorar tu mente. Ten en cuenta que las ideas o visiones no pueden lastimarte, así que simplemente siéntate y fluye con el viaje. De hecho, es posible que desees tener un buen lugar para sentarte o acostarte.

Los primeros viajes pueden ser profundos, lo mejor es quedarse en un lugar tranquilo y seguro.

Ah, y no lo olvides: la buena música casi siempre mejora la experiencia.

En primer lugar, es importante señalar que la mezcla de drogas psicoactivas fuertes puede aumentar los riesgos físicos de problemas de salud y las combinaciones deben tomarse con máxima precaución. Los usuarios deben tener en cuenta cualquier medicamento o suplemento que hayan tomado recientemente. Las principales sustancias y/o medicamentos que se sabe que causan una fuerte interacción con los psiquedélicos son los Inhibidores de la Mono-Amina Oxidasa (IMAO) que causan una capacidad reducida de metabolizar el LSD y pueden conducir a experiencias desagradables o peligrosamente fuertes. Además, los IMAO son muy peligrosos cuando se toman con estimulantes.

La tolerancia al LSD aumenta rápidamente. Usarlo dos días seguidos es probable que conduzca a una experiencia muy disminuida (si la dosificación es la misma) el segundo día. La tolerancia vuelve a la normalidad en gran medida durante los siguientes 4-7 días.

Sin embargo, es posible que no desees viajar tan a menudo, especialmente si lo has hecho hace poco.

Un viaje puede ser un regalo muy espiritual o intenso, y no debe tomarse a la ligera o ser una actividad de abuso. Mientras más esperes entre viajes, más fuerte será el próximo.

Sin embargo, en algunos casos las personas han informado que varios días de viaje dieron como resultado una de las mejores experiencias en sus vidas. Así que tus resultados pueden variar. Y variarán.

En general, después de viajar varios días consecutivos, te sientes menos «envuelto» en el mundo psiquedélico. Puedes descubrir que te acostumbras y te sorprende menos. Puede volverse familiar y menos profundo, incluso con dosis aumentadas.

El LSD tiene una tolerancia cruzada con la psilocibina y la mescalina (en menor grado), lo que significa que el uso de uno se sumará a la tolerancia acumulada del otro.

La psilocibina/psilocina, el LSD y la mescalina no solo son sensibles a la tolerancia, sino que también afectan la tolerancia de los neurotransmisores que imitan. Cuando una persona gana una tolerancia a los psiquedélicos que aumentan el estado de ánimo o la sensación de importancia, se puede esperar que haya ganado una tolerancia a los químicos naturales que inducen los mismos sentimientos. No te sorprendas si después de viajar todos los días durante siete días sientes una falta de significado, especialidad o menos sentimientos de que las nuevas experiencias adquiridas son profundas. Sin embargo no hay que preocuparse: al igual que con los psiquedélicos, la tolerancia se desvanecerá.

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